Domingo de Pascua de Resurrección




JESUCRISTO RESUCITÓ DE ENTRE LOS MUERTOS

Lo mataron colgándolo de la cruz, y Dios lo resucitó
al tercer día


Con esta Buena Noticia que nos ofrece Lucas en el libro de los Hechos, hemos amanecido esta mañana los discípulos de Jesús. Ésta era la noticia que pregonaban los primeros evangelizadores. Primero, a los ciudadanos del pueblo de Israel; más tarde, a los ciudadanos del mundo.

Sobre la acogida que dieron a esta noticia central del hecho y del mensaje cristiano muchos hombres y mujeres, se construyeron las primeras comunidades cristianas. La comunidad de los discípulos nace de la fe pascual en Jesús, que murió por nuestros pecados, y resucitó para nuestra salvación.

Esta misma fe pascual es la que tiene que mantener vivas nuestras comunidades. No olvidemos, que aquel que amó hasta dar la vida, que es Jesús, es el que ahora contemplamos y celebramos resucitado. Dios no permitió que quedara bajo el dominio de la muerte. Este amor es el que está en la base del anuncio pascual.


Donde los hombres ponen muerte, Dios apuesta por la vida

En el mensaje pascual de los discípulos que nos ofrece Lucas existe un fuerte contraste. Donde los seres humanos pusieron muerte: "Ustedes lo mataron"; el Dios de la vida puso Vida, resucitando a Jesús de la muerte. Como dice el salmista: "Éste es el día en que actuó el Señor" (Sal 117), de forma desconcertante y maravillosa.

Ésta es la gran noticia de la Pascua. Dios apuesta por la vida, desplegando toda su fuerza creadora. Pablo lo proclama en la confesión de fe en su carta a los fieles de Roma: El Hijo, nacido del linaje de David en su condición hombre, "fue constituido por el Espíritu Santo Hijo de Dios con poder a partir de la resurrección"

El pregonero de la "noche pascual", invita a la madre Iglesia, revestida de luz tan brillante, a "exultar por la victoria de Rey tan poderoso".


El discípulo que llegó primero: vio y creyó

Los relatos que narran la resurrección de Jesús, se mueven sobre todo entre dos hechos: el sepulcro vacío, y las manifestaciones personales de Jesús ya resucitado a diversas personas o grupos.

El relato que nos ofrece hoy el evangelista Juan está centrado en el primero de los casos: el sepulcro vacío. La primera en toparse con la realidad del "sepulcro vacio" es María Magdalena; "el primer día de la semana", y 'muy temprano". Estos dos datos pertenecen a la tradición más antigua. La ausencia del cuerpo de Jesús en el sepulcro la comprueba a continuación Juan y Pedro. Aquí no se menciona ninguna manifestación personal de Jesús resucitado.

Con la introducción del "discípulo que más amaba Jesús" en el relato, nos sitúa el evangelista ante la fe pascual. Dada la notable presencia de los símbolos en este evangelio, se podría entender, que en esa especie de competencia por llegar primero al sepulcro entre Pedro y Juan, el amor es el que se impone. Aquel "que amaba Jesús", que en Juan aparece como el "discípulo modelo", (el más amigo de Jesús) es el primero en llegar: el primero en leer el signo del "sepulcro vacío"; y el primero en creer. Hasta entonces, "todavía no habían entendido que, según las Escrituras, él debía resucitar de entre los muertos" (Jn 20,9).


Su vida está escondida con Cristo en Dios

En su Pascua personal, que fue su bautismo, el discípulo de Jesús ha muerto y ha sido sepultado con Jesús, y también ha resucitado con él. Su condición actual es la de resucitado, cuya vida está escondida con Cristo en Dios. Nuestro ser pecador ha muerto y ha sido sepultado. Ahora, sólo queda la condición de resucitados.

El existir cristiano no puede ser más que gozoso; acorde con la vida del Jesús terreno ahora resucitado. Por eso, caminamos con la mirada fija en Jesús, que se entregó a hacer el bien: a curar toda dolencia; a liberar a los oprimidos de toda opresión. Al mismo tiempo, alzamos la mirada para contemplar a Jesús resucitado, que ya está sentado al lado del Padre. Desde allí nos ilumina el camino con la luz pascual. La celebración de la Pascua no nos desarraiga de la historia. Nos compromete a crear una historia en la que Jesús resucitado y sus discípulos seamos los protagonistas.

"El misterio de Pascua es a la vez nuevo y antiguo, eterno y pasajero, corruptible e incorruptible, mortal e inmortal... Mortal por su sepultura en la tierra, pero inmortal por su resurrección de entre los muertos" (Melitón de Sardes).

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